Comentaba hace unos posts atras que el velorio de papa fue hermoso. En verdad lo fue. Asistieron amigos y familia que veiamos con frecuencia y varios que no veiamos hacia años. Que tonteria… al final, literalmente al final, la familia sigue siendo familia. Vimos a Tio Roberto y Tia Alicia, a quienes no veia desde que murio Abuela en Diciembre de 1998. Vimos a Ma. Andreina, mi prima, hija de mi Tio Pepe, el hermano menor de mi papa. Ahora vive con su esposo en Hollywodd, FL.
El sacerdote, el Padre Saldaña, de la parroquia St. Kevin´s donde mis padres asistian cuando vivian en Miami, dijo unas palabras sobre mi papa a las que Rafa y yo asentiamos constantemente con la cabeza. Era, como dijo mi Tio Roberto, como si lo hubiera retratado. Era un hombre bueno y justo, respetuoso de los demas, caritativo y generoso. Era muy culto y aun asi, cuando alguien decia algo sin saber delante de el, jamas los hacia sentir ignorantes o los humillaba. Si acaso, con mucho tacto y delicadeza les hacia un comentario en relacion con el asunto, en plan de aclarar la situacion, pero siempre con el mayor respeto… era impresionante como alguien que conocio a mi papa a traves de una ventana relativamente limitada, la de la interaccion por medio de la confesion y en la iglesia, podia pintarlo tan perfectamente con tan pocas palabras. Y es que mi papa era asi en todo y con todos. Por eso es que no era dificil conocerlo, e igual fue mucho lo que me mostro de mas sobre el en sus ultimos dias. El viejo, cara´… el viejo…
Al llegar esa noche a casa de Rafa, todos nos sentiamos muy en paz, muy tranquilos. Habia sido una noche hermosa, para celebrar su vida, sabes? Para celebrar las muchas cosas buenas que hizo y la gran huella que dejo en las vidas de muchos.
Al dia siguiente regresamos a la funeraria a eso de las 10 am, para pasar unas ultimas horas “con el”… Raro decir esto, porque en realidad, desde las 3:25 pm del Domingo 16 de Enero, el empezo a estar con nosotros, como dicen los americanos, 24-7, las 24 horas del dia, los 7 dias de la semana. Pero este “setup” con su cuerpo presente, en realidad era mas para nosotros, los que quedamos atras, para que pudieramos despedirnos de su cuerpo.
Cuando vinieron a cerrar el feretro empezo lo realmente duro. La verdad es que hubiera podido dejar todo el recuerdo hasta ese momento, e incluso, hasta la noche anterior, cuando nos acostamos a eso de las 2 am. Esa mañana habiamos compartido sobre todo con la familia de mi mama: mis tios; Alba, la esposa de mi Tio Roberto; Alejandra, la hija menor de el; Alberto, el esposo de Ana; Andre, mi mama, el Papucho y yo. Cuando empezaron a recoger los arreglos empezo a caer como un aire sombrio sobre la capilla. El mismo señor que habia hablado conmigo por telefono para los arreglos iniciales, un tal Frank, fue quien dicto lo que venia. No me habia gustado su actitud por telefono, y menos me gusto lo que seguia. Quizas no sea mala persona, pero en realidad se me hizo tan y tan frio, que preferia no escucharlo.
Nos indico que por favor compartieramos los proximos cinco minutos con el, casi como una orden, porque teniamos que irnos prepararndo para salir a la misa de resurreccion. Mi mama lloro mucho, lloro duro, sobre el feretro aun abierto, retirandole los lentes a papa. Se veia mejor con lentes que sin ellos, pero igual no dejaba de sentirse como un maniqui, no matter what. Papa siempre habia sido calentico de piel, y ahora se sentia frio, frio. Y ademas, como estaba tan flaco, su traje estaba relleno de bulticos para poder ocupar los espacios que sus huesos y escasa masa muscular no alcanzaban a llenar como en otra epoca lo hizo, cuando era gordito.
Luego llegaron a cerrar el sarcofago, con una gran solemnidad, que casi que sentirse mas como respeto, se sentia como una bofetada en el alma, por lo triste del momento, por lo duro de no verlo mas. Desde ese momento, el dia solo fue en bajada. Sellaron el feretro, nos guiaron hacia la limusina para la iglesia (por supuesto, aunque espaciosa y bonita por dentro, por fuera el vehiculo era negro, como el color del que se torno todo ese dia por dentro para todos nosotros).
Llegando a la Iglesia donde se dio la misa de resurreccion, bajamos al sarcofago entre los hombres presentes, incluyendo al conductor y el director de la funeraria. Eso me hizo sentir triste tambien. Estoy seguro que si hubiera sido en Caracas, hubieran estado espantandose a sombrerazos para poder ayudar. Pero lejos de tu tierra, mueres un poco mas solo.
La entrada a la iglesia seguia con el tono sombrio de horas antes. Sonaban las campanas… Las campanas no tienen que sonar tristes. Si se suenan rapido o movido, pueden ser motivo de gran alegria. Pero si las suenas despacito, creo que pueden ser como si te menearan la cabeza a ti dentro de ellas… como si cada campanada fuera contigo como pendulo, y duele cada una de ellas. Provoca ponerlas en mute, pero siguen sonando hasta que el feretro esta ante el altar, y el sacerdote se apresta a hablarnos.
Era el mismo sacerdote de la noche anterior, pero el ambiente no era el mismo, y aunque tuvo muchas de las mismas hermosas palabras (que bueno, en parte, porque gente como Loly, que no habia podido estar la noche anterior, pudo escucharlo), igual se sintio triste todo.
Al terminar la misa de resurreccion, fuimos rumbo al cementerio. Era una mezcla de emocion y tristeza el ver las motos de la policia parar el trafico para que pasara. Triste porque sabes la razon, pero emocionante porque es como una manera de rendirle un pequeño tributo a ese hombre que fue el viejo.
Llegamos al cementerio, casi no recuerdo la hora, pero debe haber sido alrededor de las 3 y pico. El entierro fue uno de los mas impersonales y frios en que nunca he estado. El director de la funeraria nos indico el momento en que podiamos colocar las rosas sobre el feretro y donde hacerlo… yo ni tome ninguna flor. Me dio franca arrechera… Luego el padre dijo unas palabras, creo. En realidad creo que estoy bloqueando parte de esos momentos, pero recuerdo que llegado el momento el director de la funeraria dijo algo asi como “hasta aqui ha llegado el entierro, muchas gracias a todos por venir…” indicando que nos debiamos ir, para que los empleados del cementerio empezaran a cubrir el feretro como sea que lo hacen.
Ya ese “romantico” concepto, creo que de leyenda, donde se le echa tierra a los muertos, no ocurre. Ahora es con unos sarcofagos que cuestan un billete, en unos espacios prediseñados cual colmenas de abeja con paredes de concreto. Se sella el espacio con la urna y el cuerpo con una lapida preconstruida de concreto, y se cierran los huecos con cemento… la vaina parece mas una construccion que un entierro, que chimbo…
Yo, por lo pronto, realmente deje ese momento a un lado. Deteste casi cada momento de ese dia, porque siento que no fue un proceso digno de mi viejo, aunque entiendo que “asi lo queria” (whatever that means). El entierro, ciertamente, es algo que nosotros hacemos para los que quedan, no para los que se van, en mi opinion. Y si es asi, estamos haciendo un triste trabajo que, en lugar de hacernos sentir felices por las memorias felices de los que partieron, nos hacen sufrir mas aun porque su cuerpo yace a seis pies de profundidad bajo una tumba de cemento metal y tierra, con algunas flores y una placa recordatoria que jamas alcanzaran a conmemorar de manera justa la gran vida de quien se fue.
Por que los entierros, entonces? No lo se. Sera que somos masoquistas. Por mi parte, yo voy a querer que no me entierren. Quiero que me cremen y que mi esposa o mis hijos decidan que hacer con las cenizas. Bien si las quieren esparcir por el oceano o si las quieren conservar, como en “Meet The Parents” en un jarron en el comedor.
Por lo pronto, leo el libro “On Death and Dying“, de Elizabeth Kubler-Ross. Ella dedico su vida a estudiar la muerte y el proceso de morir. Uno de sus frutos fue el programa de Hospice, al que tanto agradezco.
Seguire escribiendo, pero poco a poco iremos buscando la forma de ir reencontrando nuestras vidas. Quizas, deba decir, encontrando realmente what it is that we’re supposed to do to make a difference in this world, in a way that is up to the lessons that dad taught to us.